Dicen que todo llega en esta vida. Y concretamente, en el caso que nos ocupa, llegó el 2 de Enero. Todavía me dolía la cabeza un poco, de la resaca de ayer, pero había que currar. Creo que es la primera vez en mi vida que curro un 2 de Enero. Algún día tenía que llegar… (pero no un día cualquiera: tenía que llegar un 2 de Enero).
En el curro vi que casi todo el mundo tenía aún vacaciones. Juas, pensaba que no se podían pasar de un año para otro. De todas formas, yo tampoco tenía tantos días como para reservarme el de hoy. Entre otros, estaban de vacaciones los jefes. Todos ellos.
Mis compañeros aprovecharon la situación para tocarse los cojones todo lo que pudieron y más. Yo no quería parecer asocial, así que me unía a ellos, no sin ciertos remordimientos que ellos parecían no tener. Imagino que no habrá nada urgente para hacer ahora; de todas formas, esto no es lo que yo me esperaba de Alemania… (a su lado yo parezco serio y trabajador).
Mi primera tarea no se corresponde precisamente con lo que uno entiende por “trabajo de ingeniero”. Según me contó Othmar, mi mentor como ingeniero junior, tenían una colección de aparatos de los que fabricamos en los que se empleaban componentes descatalogados, y por tanto había que actualizarlos. Esto es, rediseñar algunos subsistemas para que todo funcione exactamente igual.
Se me llenó la cabeza de ideas en un momento, para que mi trabajo tuviera una gran calidad (es lo mínimo que se espera de cualquier trabajador en Alemania). Tenía ganas de empezar.
Pero no iba a empezar directamente. Muchos de los componentes no estaban en la base de datos del programa para dibujar circuitos, al menos en la base de datos “oficial” que usamos en la empresa. Había que averiguar cuáles eran, e incorporarlos a la base. Esto era porque el último plano se hizo hace muchos años, con una base de datos de componentes obsoleta o con información innecesaria.
Mi tarea sería, por tanto, analizar los dispositivos afectados (casi un centenar), averiguar cuáles eran los componentes afectados, y buscar alternativas con los que ya había o dibujarlos yo mismo para añadirlos a la base de datos. “Aquí tienes faena hasta que te jubiles”, me dijo Othmar.
[Nota a posteriori: 3 semanas después, el trabajo ya estaba terminado. Dirk, el compañero que tenía que revisarlo, me felicitó por la currada. Eso sí, los litros de café que necesité para mantener los ojos abiertos entre páginas de catálogos y estándares de fabricación, corren de mi bolsillo].
El 3 de Enero fui a empadronarme. Según entraba por la puerta del Einwohnermeldeamt (oficina del censo), me dijo la señora: “Ah, viene a cambiarse de domicilio a tal dirección, no?” LoL. Que en este valle se conozcan todos, vale. Pero que esta señora, a la que he visto hoy por segunda vez en mi vida, ya sepa hasta mi nueva dirección, sobrepasa mis expectativas. Y no sería la última vez en que un “desconocido” hiciera alusiones a mi mudanza… (De hecho, una vez me dijo uno: “Ah, tú eres el que se mudó el otro día…”)
Hay algunos comentarios que no he hecho aún sobre la peña que curra conmigo. El primero, es que es de sobra conocida mi mala memoria para los nombres y las caras. Me ha pasado toda la vida, hasta el punto de tener qeu preguntarle a compañeros del colegio cómo se llamaban, de no reconocer a un profesor con gafas de sol, o de liarme con una chica una noche de verano, apuntarme su nombre cuando no miraba, y al día siguiente tirarle bocado a su amiga que se parecía y llevarme dos hostias (la de la amiga, y la de mi nueva ex-pareja).
Pues bien, aquí no sólo tengo que recordar el nombre y la cara. Como los jefes hablan siempre de “usted” y usan el apellido para ello, a cada cara hay que asociar nombre y apellido. A diferencia de los apellidos españoles (García, Gómez, Martínez…), aquí son mucho más variados. De hecho, no conozco a dos alemanes que compartan apellido sin ser familiares.
Además, debo recordar si a esa persona le tengo que hablar de tú o de usted; según la gente se pasa al tuteo y hay que actualizar la base de datos, la cosa se complica; peor aún es cuando alguien te tutea y a los días se vuelve al “usted”, por motivos totalmente desconocidos para mí. Y a ello hay que añadir el saludo que utilizan habitualmente (Servus / Grüß dich / Grüße / Morgen / Moin / Moin Moin…), ya que es de buena educación contestar con el saludo habitual de la otra persona.
Por otra parte, Manfred -otro de los ingenieros- me explicó un día una modificación que había hecho de un circuito. En todas las frases utilizaba la palabra “indementieren”, o algo parecido. Tras consultar el diccionario y ver que no existía, deduje que se trataba de un latiguillo.
En las sucesivas conversaciones que tuvimos, aprendí a filtrar los “indementieren” y vi que todo cuanto decía tenía sentido. Incluso es bueno que lo diga, porque así me da tiempo a reorganizar la información que oigo: no es fácil atender a una explicación técnica en alemán, cuando tu nivel de alemán y tu dominio de la tecnología en cuestión quedan muy lejos de los del que te lo está narrando (aparte de que en alemán la palabra más importante de la frase tiende a ir al final, y entonces te toca reorganizar lo que has oído).
Con el tiempo fui descubriendo que casi toda la gente de esta zona tiene algún latiguillo, siendo los más populares “quasi”, “im moment” y “praktisch”, o algo parecido. Me pregunto si habrá algún vínculo familiar en función del latiguillo. Hay otro que dice más o menos todo el mundo, que es “kä?”, “gä?”, o algo así. Viene a ser como en español “¿vale?” o “¿no?”, pero cuando te lo sueltan cada 3 palabras ya empiezas a dudar de si los parpadeos en alemán no suenan “kä?”…
A veces resulta complicado distinguir si alguien dice “Im Moment” (por ahora) o cualquier otra palabra del palo porque realmente va en la frase, o porque es un latiguillo. Ahora empiezo a comprender al sindicalista aquel del “insofern”. Si lo hubiera sabido antes, habría eliminado todos los “insofern” de su charla, y me habría quedado con la copla.
NOTA. Al quitar los “insofern” y traducir el discurso literalmente al español, lo que dijo durante media hora se queda en: “¡Que os sindiquéis, coño!”.
Entre el acento brutal de la zona, indementieren los latiguillos que tienen los quasi habitantes del valle, los dialectos, insofern voy a acabar olvidando praktisch todo el alemán correcto que sabía im Moment, kä? XD
BARVADER ’12