Mediados-finales de Enero. Llegó otro finde al pueblo, y a mi vida. El viernes me acerqué al „Jugendclub“, pero no había ni el tato. Así pues, decidí ir al bar de Frano, ya que suele abrir hasta tarde y no había ido desde hace 3 semanas, cuando volví de vacaciones.
Por el camino oí música en la calle, que procedía de algún lugar no lejano. ¿Había una fiesta por ahí? En tal caso, no me habían invitado. Tampoco se veían luces en las casas salvo en una, y desde fuera no se veía gente dentro. En este pueblo la gente no suele tener cortinas en casa, salvo en las habitaciones susceptibles de albergar actividades sin ropa. Curiosamente, mi casa tiene persianas hasta en las paredes…
Allí en el Curau estaban el grupo que baila Country, Thomas -un tipo que conocí en una noche de Diciembre-, Rico -no el bebedor compulsivo, sino el hermano de la que lleva los alquileres de la residencia de estudiantes- y alguno más. Allí fui testigo de algo curioso. Había una mujer de unos 35 años, físicamente del montón, y sin anillo de casada. Eso en este lugar sólo puede significar dos cosas: soltera o divorciada. Probablemente la única de todo el Schwarzatal o valle del río Schwarza.
Mientras preparaba mi arsenal y me dirigía a ella liando un cigarro, para compartir el único cenicero de la sala, Rico se adelantó y le dijo no sé qué. Luego ella se volvió al grupo de Country. Frano le llevó una birra de parte de Rico. Parece ser que en Alemania no se estila lo de mandar flores. Mola, menos cursi. Pero la mujer se fue sin volver a hablar con él.
Por lo visto, cuando aparece una mujer suelta por estos andurriales, los hombres se lanzan hacia ella como buitres. Como buitres en celo. Algunos hasta han desarrollado alas, es increíble lo que puede llegar a hacer la Evolución en casos de extrema necesidad.
Posteriormente deduje que tal mujer era la ex de Rico. O eso entendí, sobre todo porque lo vi muy afetado por el rechazo de la señora. Mmm… siendo así, mejor que no haya llegado a intervenir. Rico es un tipo majo y es mejor ir a buenas con él.
El resto de la noche lo pasé de tertulia con Frano, Rico y Thomas. La verdad, no es el plan que solía buscar en España para ir de fiesta (tertulia sí, pero en un bar jevi y con gente más joven, por lo general), pero al menos practico el alemán, cosa que en el Jugendclub no puedo hacer porque no entiendo a los chavales cuando hablan, ya que usan mucho lenguaje coloquial, hablan demasiado rápido para mí, y a veces incluso en dialecto.
El sábado por la tarde fui a ver el fútbol al Jugendclub. No estuve mucho rato, un partido y poco más, ya que tenía cosas que hacer en casa. Me dijeron de volver por la noche, y eso hice. Esta vez había un montón de gente en la sala de fumadores, y no conocía a casi nadie. Eran de la asociación de Kirmes, o una palabra parecida. Los Kirmes son una especie de fiestas populares que se celebran en septiembre, y que consisten en comer y beber todos juntos en el campo, así a grandes trasgos. Pero como la primera vez que leí la palabra la leí disléxicamente, yo les llamo la “asociación de criminales” XD
El plan de la noche fue divertidísimo. Tenía tres opciones, a cual más emocionante. Una era ver a un grupo de 4 jugando al Doppelkopf (también llamado Skat). Juego para 4 jugadores, como el truc, con baraja alemana, que todo el mundo me quiere enseñar a jugar pero nadie se digna a hacerlo.
La segunda opción era ver a otros 4 jugar al Pro Evolution Soccer. Aunque juego de pena, por fin he aprendido a usar los mandos del juego. Pero esta vez el pique entre Marc y Sandy vs Jens y otro chaval era tan fuerte que no dejaban jugar a nadie. La tercera opción, que fue la que escogí, consistía en intentar descifrar de qué cojones hablaban entre ellos. 0% éxito. Al final, todo lo que logré fue una breve converación con Markus, que se piró pronto.
En el grupo de gente que no conocía había una chica muy guapa -obviamente emparejada- llamada Ivette, amiga de Angie, con la que tenía al menos una afición en común: ponerme enfermo. Pues Ivette, cuando no se agarraba a su chico y sabía que yo estaba a sus espaldas -cuando estábamos de cara no lo hacía-, se introducía la mano en el pantalón, más abajo de donde la espalda pierde su casto nombre. Mujer, si te pica el “ojaldre”, yo mismo te lo puedo rascar…
El caso es que de vez en cuando Ivette entraba en la sala y pedía a alguien que saliera a fumar con ella. A menudo lo hacía yo, a falta de algo mejor que hacer, pues allí en el sofá tirado me estaba aburriendo e incluso deprimiendo.
Una de las cosas que más me gustan del idioma alemán, es que hay palabras que tienen dos traducciones muy diferentes al español, pero que si uno lo piensa, puede que haya una cierta relación entre ellas. Por ejemplo, la palabra „faul“ en alemán se traduce por “vago” (que no hace nada útil) o por “podrido”. Obviamente, si dejas comida tirada en un sitio sin que sirva de utilidad, se acaba pudriendo. Es la única relación que veo, pero me parece curiosa. Ahora bien, “hacer el vago” es „faulenzen“, y “pudrirse” es „verfaulen“.
Hablando con Ivette, salió el tema habitual cuando entablo conversación con un lugareño por primera vez: si tengo familia (propia), si pienso establecerme en Alemania, y si quiero buscarme aquí mujer y formar mi propia familia en este país.
Mis rspuestas fueron también las habituales: no tengo familia propia -salvo mi sobrino, al que quiero como si fuera mi hijo-, no tengo hijos que yo sepa, de momento no volveré a España tal y como está allí el percal, y si conozco a la mujer adecuada aquí no me importaría que mi familia fuera medio alemana. A lo cual ella añadió sin cortarse: “Ya, pero sabrás que en Mellenbach no vas a conocer a ninguna mujer, porque no hay, no quedan solteras”. Sí, ya lo sabía…
El hecho de que Mellenbach es como una inmensa fiesta de pililas pero sin fiesta, y que por tanto es más probable que me toque la lotería que mojar el churro aquí (si bien lo uno facilitaría lo otro), es algo que más o menos tenía ya asumido. A menos, claro está, que le ponga los tochos a alguien y luego venga el afectado a buscarme al curro -todo el mundo sabe quién soy y dónde curro-, rifle de caza en mano. Aparte de la falta de discreción, en esta zona hay una afición desmedida hacia la caza. Mal rollo.
Por suerte me he vuelto fuerte. Lejos queda el día en que enfrentarme a una realidad como ésta suponía mi debacle moral, sin posibilidad de recuperarme a corto o medio plazo. Cada uno tiene sus demonios, y mi soledad fue el mío tiempo atrás… aunque no el suficiente tiempo como a mí me gustaría.
Con eso de que me sentía “podrido” en el sofá, sin hacer nada que me reportara provecho (faul), recordé unos versos de los Böhse Onkelz (“Tíoz Maloz”), de la canción „Kirche“ (Iglesia). Os podéis imaginar de qué va, pero por si acaso una pista. El estribillo dice explícitamente: “Me cago en la Iglesia, en el Papa y su bendición”. No obstante, el verso en cuestión que estaba rememorando era: „Und wenn du glaubst dass du sie brauchst, dann klammer dich an sie bis du verfaulst“ (“Y si crees que la necesitas, aférrate a ella hasta que te pudras”; lo de “hasta que te pudras”, „bis du verfaulst“, se repite luego varias veces).
Volviendo a la conversación sobre la ausencia de solteras, y con los acordes de los Böhse Onkelz aún frescos en mi pensamiento, dije una frase que me salió del mismísimo fondo del alma:
„Ja ich weiß, aber ich muss in diesem Dorf nicht verfaulen.“
“Ya lo sé, pero no tengo por qué pudrirme en este pueblo”.
Hice un gesto de “Mierda, lo que he dicho”. Igual a alguno de éstos le molesta el comentario y me zurra. Bueno, si hay que dar hostias, se dan. Y si hay que recibirlas, se reciben. Probablemente sería lo más interesante de este finde y los siguientes.
Pero nadie nos prestaba atención. Ivette se rio y me dio la razón. Me sugirió mudarme a Ilmenau, si me cansaba de Mellenbach. Aquello sigue siendo pequeño, pero ya es como una ciudad, tiene universidad, y hasta un bar jevi
Poco después nos retiramos. Fuimos juntos hasta el puente, donde se bifurcaban nuestros caminos. Su novio se quedó un rato más con los crimi… estoooo, con los del Kirmes. Me dio un abrazo muy largo de despedida. Empecé a darle besitos en las mejillas, y bajando. Cuando iba a darle el golpe de gracia, me soltó. En el peor de los casos me habría llevado una cobra XD En el mejor… Malo, porque si acabábamos en casa de uno, el otro tenía que cruzarse inevitablemente con el novio para volver a casa, independientemente del lugar donde hubiéramos cometido adulterio, con el peligro que tal cruce conlleva para mi vida XD
Ya en casa, me tomé una copa de licor de hierbas y me fumé un cigarro mientras le daba vueltas al tema. No me hacía gracia pensar que todos los findes iban a ser así de divertidos, ni que cuando salga de esta casa un sábado por la noche, no existe posibilidad alguna de dormir acompañado (ya no digo de encontrar pareja). Yo no soy un Donjuán, pero en Valencia o en Freiburg, uno nunca sabía cómo iba a acabar una noche, a quién iba a conocer o a qué punta de la ciudad daría a parar. Aquí sí, y no va a ser mejor que la noche más aburrida que he pasado en dichas ciudades.
Entonces me puse otra copa y busqué en el archivador un folleto que tenía de la Deutsche Bahn. Me interesaba sobre todo por una lista de ciudades de tamaño medio o grande que incluía. Ya que estoy aquí, tengo tiempo libre, menos compromisos sociales, y ahorro bastante pasta… me gustaría conocer mejor el país.
Veamos. Relativamente cerca tenemos: Frankfurt, Nürnberg, Erlangen, Dresden, Leipzig, Göttingen, Weimar, Jena, Augsburg, Ingolstadt, Kassel… No tan cerca: Colonia, Düsseldorf, Bonn (las tres próximas entre sí), Dortmund, München, Berlín, Freiburg, Hamburgo, Karlsruhe (en las 5 últimas además tengo amigos)… Y lo más importante: una tarjeta con la que me descuentan el 50% del precio en todos los trenes que pille, sin excepción
Así pues… aquí tengo el curro, me gusta, tengo algunos amigos, y la vida no es cara (al menos, con mi sueldo). Y más allá de este valle… hay todo un mundo por descubrir. Y, como decían los Mägo de Oz cuando aún no eran moñas, “y una vida que arrancar de brazos del guión final”.
El mundo no termina entre estas montañas. Mi vida, tampoco.
No tengo por qué pudrirme en este pueblo.
No voy a pudrirme en este pueblo.
Próximo finde: DRESDEN.
ALEJANDRO IV DE BARBATE PEICH ’12