Tras empaquetarlo todo y despedirme de mis compañeros de habitación, fui a tomar algo a una cafetería cercana. Aún no tenía hambre para comer, ni era hora. Acabé de leerme “La luz fantástica” de Mundodisco. Me gustó el final. Una avispa cojonera no dejaba de agobiar por mi mesa.
Volví al albergue. Escribí algo de estas Memorias para hacer tiempo, mientras tomaba una Astra. Estuve un rato hablando con Marc. La española de la barra me dijo dónde pillar el bus. Cada 5 minutos pasaba uno, así que tenía tiempo suficiente.
Cuando vi que el bus tardaba mucho, se me ocurrió mirar al otro lado del cartel. “El bus parará en la Torstraße”, que no es la calle del dios del Trueno, sino de la Puerta. Por suerte, era la perpendicular.
Aún tenía algo más de media hora por delante. Al lado, un puesto de Currywurst. Lo vi claro. El tipo me preguntó si la quería con o sin Darm. Ya empezamos. Le dije que sin; luego vi en el diccionario que Darm = tripa. Justo cuando acabé y tiré la bandejita a la papelera, llegó el bus. Menos mal que en Freiburg aprendí a engullir rinocerontes en 5 minutos.
Le pregunté al pavo si pasaba por la estación; por suerte sabía hasta la preposición que se usa para estos casos. Pues va a ser que no, que es al otro lado. Crucé.
Pero el tiempo pasaba, y por esa calle no circulaba ni un puñetero bus. Quedaban 20 minutos. Joder, una vez más se me escapa el tiempo. Tendré que pillar un taxi, y por aquí tampoco pasan muchos. Por cierto, los taxis en Berlín, a diferencia de Valencia, no llevan un pirulo verde cuando están libres. La forma de ver si un taxi está libre es esperar a que se ponga a tu altura, y ver si pasa ocupado o pasa de ti
Quedan 15 minutos, uno arriba, uno abajo. Se va a liar parda. Entonces recobré la calma: ponerme más nervioso no me ayudará; hasta puede ser peor. Debo tener la cabeza fría. Decidí ir a la calle de al lado. Un taxi descargaba a sus pasajeros. Fui corriendo hacia él, gritando como un mandril
(¡Como un mandril!).
El tiempo seguía pasando, aunque esta vez ya estaba en el taxi. Por fin vi las cristaleras de la Berlin Hauptbahnhof (estación principal). Entré. Andén nº 6. Estaba en el subterráneo. Por la barandilla vi el tren con destino a Hamburgo. No había escaleras a la vista, y el ascensor no iba. ¿Que no saltaré? Total, sólo son 5 metros de nada…
Al fin encontré la dichosa escalera. Subí al tren, y partimos hacia Hamburgo.
Y tras una siesta de casi 2 horas, desperté en Hamburgo. Dos cigarritos, me los he ganado. Al salir de la estación, mientras me comía un panecillo con salami, pude escuchar por la megafonía “El Río Moldava”, de Bedrich Smetana, compositor del nacionalismo checo, mitad del siglo XIX (el trabajo de fin de curso que hice con Kike para Música, 1º de BUP, versaba sobre esta composición).
Pillé el metro hasta Feldstraße. Saqué la hoja de reserva del albergue. Y entonces vi que no se había impreso ni la dirección ni el teléfono. Puta madre. Creo que ahora ya es definitivo: necesito un puto smartphone.
A la 4ª vez que pregunté por un albergue en la zona, por fin alguien sabía dónde estaba. Seguí preguntando a la que vi que la calle no se correspondía con lo que me habían descrito. Tras deshacer el camino varias veces, llegué al barrio de Altona, al norte de St. Pauli. Que este albergue se llame “Backpackers St. Pauli” es como que el aeropuerto de Leitenhausen se llame “Frankfurt-Hahn” XD Por fin llegué.
Mientras rellenaba la hoja de entrada, el pavo me dijo que no había ninguna reserva a mi nombre. ¿Hola? Saqué el correo de confirmación impreso. “Ya, pero este correo no lo han mandado de este sitio… conozco muy bien el correo que enviamos aquí, y no es éste. Además, aquí no trabaja ningún
Markus”. ¿¿HOLA?? El hombre pensó un poco y dio con la clave: hay otro albergue llamado “Backpackers St. Pauli”. Manda huevos.
Me dio la dirección exacta. Llevaba ya 1 hora andando, con la mochila a cuestas. Dudaba mucho que fuera a hacer la siesta. Tenía que buscar una casa pintada de colores. Vi una que respondía a esas señas, pero justo una calle antes de la que me dijeron… igual era la parte de atrás. Una chica me
llamó desde un coche, que acababa de aparcar: “Are you looking for the room?”
Me saludó. La verdad, no esperaba una acogida tan familiar. “Mira, ésta es la chica”. Anda, si hasta voy a tener una cita a ciegas improvisada, y la chica es bastante guapa.
Pero no fue más que un malentendido, ya que ellas buscaban un compañero de piso (de esto nos dimos cuenta cuando estábamos casi en el patio). „Ich würde gerne bei euch wohnen, aber leider bleibe ich nicht so lang in Hamburg“ (Me quedaría a gusto a vivir con vosotras, pero no voy a estar tanto tiempo en Hamburgo). Nos reímos los tres. Por fin me indicaron el camino correcto.
Sudoroso y reventado, así es como llegué. No mola nada tener que caminar hora y media con 13 kilos a cuestas de una espalda castigada por malas posturas al dormir y, ocasionalmente, por latigazos propinados sin piedad. Me instalé y me duché. En efecto, hoy no toca siesta
Al rato llegó Jan, un chico de Heide al que iba a vender la entrada de Neo. Estuvimos una hora de charreta, mientras tomábamos unas Astra. El albergue, por cierto, estaba estratégicamente situado en el centro de St. Pauli; en un extremo de la calle estaba la Army Shop, de ropa de camuflaje, y en el otro, el restaurante Da Mario (anterior Lagona), donde suelo comer antes de partir hacia Wacken. El albergue combina la esencia de St. Pauli con el espíritu metalero del Wacken.
Por cierto, la jefa se parecía horrorosamente a cierta señora entrada en carnes que metió mano a Neo en una discoteca, aquí mismo en Hamburgo, y luego le pisó un pìe al no verse correspondida XD (véanse memorias de Wacken’2008).
Me tome un carajillo. Después salí a la terraza de atrás a tomarme una cervecilla. Allí había un nutrido grupo de alemanes wackenianos venidos desde Paderborn. No recuerdo todos los nombres, pero así a ojo: Max, Luk, Sarah, Kati, Hans y 3 ó 4 más. La segunda de las chicas, por cierto, tenía el centro de gravedad fuera del cuerpo. Menudo par de melones, por Odín!!!
Estuvimos un rato de charreta, tomando birras. Yo a todo esto, no he cenado. Nos fuimos de fiesta por el barrio. Les enseñé el significado de la libertad de ser ciudadano europeo (esto es, mear en la calle de otro país europeo XD) Ahora la „Freie“ Hansestadt Hamburg es „Freiere“ HH (ciudad
“más libre” y hanseática de Hamburgo).
Luego entramos un bar en el que había una bailarina en bikini. Tomamos algunos tequilas. Los tres más viciosos se pegaron una ronda sin mí, así que me uní a ellos y pedí otro tequila. Yo llevaba la camiseta del St. Pauli, y no se me notaba mucho que era “de fuera”. Fui a pagar. „Für St. Pauli
Fans nur 1 Euro“. De normal eran 1,50 ó 2 €. Creo que me voy a comprar una colección entera de camisetas de St. Pauli para cuando venga a Hamburgo
Tras inflarnos convenientemente a tequilas y a birra, fuimos a pimplar a otro lugar, que pese a la decoración de la puerta no era un burdel. De ahí fuimos al Reeperbahn, la calle más golfa. Un tío nos invitó a entrar en un local de strip-tease. Las chicas también entraron. Bebida cara, chicas guapas que no enseñaban todo lo posible, gente joven y algún viejo verde.
Las bailarinas no lo hacían nada mal (yo sería incapaz de agarrarme de la barra americana sin dejarme los piños contra el suelo). Pero no llegaron a ponerme, no sé si era por la cantidad de alcohol, por que no se me refregaron bastante, o simplemente porque sabía que no valía la pena despertar a Decker en vano… aquí hay tolerancia con el tema, pero tal vez las chicas estas sólo se dedican a bailar. En cualquier caso, prefiero una que esté ahí voluntariamente, antes que un
amor de alquiler.
A la salida nos pusimos a hablar en inglés con unos tipos israelíes que también iban al Wacken. Llevaba más de 8 horas seguidas hablando únicamente en alemán, y me decían que lo hablo bastante fluido, y que debería indicarlo en el curriculum. “Alemán: muy fluido, a partir de la 7ª birra” XD
Antes de volver al albergue nos pillamos unas pizzas y unas birras en un badulaque. Era lo más parecido a una cena para mí, aunque fueran las 5 de la madrugada y llevara 14 horas sin ingerir nada sólido. En cualquier caso, el viaje me está molando mucho. Y aún queda lo mejor… Wacken…
BARVADER ’11