Viernes. Apenas llevaba 24 h en Valencia. Se me hacía raro oír a todo el mundo hablando en español. Echaba de menos hablar yo alemán.
Por la tarde me tomé un carajillo en mi bar de siempre. Era una de las costumbres que debía recuperar. Los habituales del bar, especialmente aquellos con los que tenía muy buen rollo, me preguntaron mil cosas sobre la vida en Alemania. Un hombre me habló de su hermano, que se fue a currar a Holanda, y no ha querido volver. Mira que me vuelvo a Freiburg…
Luego fui a cenar a casa de Susana, con los Kikes y Belén. Por el camino, mil coches aparcados y/o circulando por el carril bus, que en Alemania es sagrado: por mucho tráfico que haya, a nadie se le ocurre invadirlo. Las bicis son anecdóticas en Valencia. Un pavo se saltó un semáforo en rojo y casi me pilla. Miré hacia el cielo, ya oscuro. El exceso brutal de luz no deja ver las estrellas. Eso me entristeció.
Llegué a la estación del metro. Dos gilipollas se gritaban de un andén al otro, con amenazas de muerte incluidas, ofreciendo un lamentable espectáculo al resto de viajeros. Poco faltó para que fuera yo mismo a matarlos a ambos, con tal de que callaran. Habría hecho un favor a la Humanidad.
Apenas llevo un día aquí, y ya estoy hasta los santos cojones de España y los gilipollas (mayoritariamente) de sus habitantes.Tal como suena. En Alemania no es todo perfecto, pero en un momento he visto más estúpidos que en cuatro meses allí. Algo querrá decir eso.
Después de cenar fuimos al PxR. Primer garito español. Lo echaba de menos. Reincidentes, Barón Rojo, Reno Renardo… cosas que en Alemania no escucha uno por ahí.
A la semana siguiente fui a comprar al súper, no me quedaba casi desodorante ni espuma de afeitar. Para mi sorpresa, el mismo bote de desodorante que en Alemania cuesta 2.65 €, aquí vale ¡¡¡3.88!!! ¡Y aún quieren subir el IVA el mes que viene! ¿Pero de qué coño van con esos precios? Miré los precios de más cosas. Me encabroné. Al final pillé otro desodorante más barato; con el gel de afeitar no tuve tanta suerte. Empecé a sentir un asco terrible por todo cuanto me rodeaba. He de volver a Alemania. Aquí tenemos precios más altos y sueldos más bajos. Esto es una puta mierda.
Los días fueron pasando. Poco a poco me reencontré con todos o casi todos los amigos, lo cual me emocionó, después de tanto tiempo. Empecé a habituarme al peculiar carácter de mis “nuevos” conciudadanos. Dejé de ver cosas lógicas, normales y bien pensadas, y volví a ver como normales las animaladas españolas. Aun así, muchas veces me sentí impotente y rabioso ante la imbecilidad de algunos españoles, e incomprendido cuando defendía que había una forma mejor de hacer algo en concreto.
No es que todo lo alemán sea mejor, ni todo lo español sea peor. Pero el regreso a España ha sido un choque brutal para mí, mil veces más que el viaje de ida. En Alemania, las leyes y las cosas que son diferentes a España tienen su lógica: si sigues el procedimiento, todos ganamos. No se trata de competir, o de “jode o te joderán”. Se trata de „mitmachen“, colaborar, poner cada uno de su parte para el beneficio común. Con el tiempo, hasta he visto lógico el idioma alemán y sus palabras kilométricas.
Aunque hay excepciones, esa ‘rigidez’ y organización alemana viene dada por su carácter, y da sus frutos: ellos son el motor económico de Europa. Nosotros somos más flexibles, pero también más pasotas en general, y más dados a competir que colaborar. Esto es, más incivilizados (sólo en Valencia creo que hay más makinetos garrulos que en toda Alemania). Sin embargo, nosotros que nos creemos más flexibles, somos en realidad más intolerantes, más reacios a los cambios, no nos mudamos fácilmente de ciudad, no nos adaptamos a las nuevas situaciones y queremos vivir siempre al día. Luego, somos el país con más paro de Europa y -tal vez- con la peor relación precios/salarios.
Tenemos sol, tenemos siesta y tapas, y somos los campeones del escaqueo. Pero tenemos muchas otras cosas que no molan, y a día de hoy, tal vez cambiaría el pack completo por lo que me ofrecen allí. Podemos ser campeones del Mundo [¿se nota que llevaba retraso al escribir las Memorias?], pero eso no nos va a dar de comer por mucho tiempo. Tenemos mucho que aprender de otros países más “serios”.
Podría seguir elucubrando con otras palabras y otros ejemplos, pero acabaría diciendo lo mismo. En fin… al final todo ha salido más o menos bien. Me traigo más preguntas que respuestas de los laboratorios del FMF. De todas formas, he aprendido mucho, tanto de cara a mi trabajo, como a mi vida personal. He vivido mil peripecias, he disfrutado como un cerdo en conciertos, partidos y bares, he conocido gente, he sido independiente y he mejorado muchísimo mi alemán. Sólo me ha faltado encontrar novia alemana, pero bueno… seguiremos disfrutando de la Libertad
De momento, la vida continúa en Valencia. Me readaptaré, seguiré con la Tesis, seguiré peleándome con los gilipollas que plagan España… y más adelante ya veremos dónde nos quedamos. Pero si es aquí, que sea porque he encontrado buenas condiciones, no por desidia o cobardía. De esto me queda cada vez menos, en parte gracias a que no vacilé a la hora de partir hacia la aventura… aun a sabiendas de que la fliparía en Freiburg.
Vale.
ALEJANDRO IV DE BARBATE PEICH ’10
P.D. Sé que me dejo cosas en el tintero, ya sea por olvido, por birra o por decencia. Lo que se ha omitido voluntariamente, se contará en persona a quien deba saberlo. Los olvidos involuntarios… pues eso mismo. Al fin y al cabo, esto son unas “memorias” XD