Llegué a una placeta, ya casi en el Reeperbahn. Otro grupo me esperaba. Esta vez me entraron todas a la vez. Nunca me había sentido tan deseado, aunque fuera por dinero. Espero que me den pronto un curro de ingeniero en este país
Esta vez les dije que ya iba bien servido, que venía de eso. Se apartaron, desilusionadas porque se les habían adelantado.
Crucé el Reeperbahn. Teóricamente, es pasar la Große Freiheit Straße, y ya no habrá más putas, sólo atracadores. Fue pensar eso y empezar a seguirme un negro. Joder, joder, joder. Qué mal rollo. No soy racista, pero si este tío va del palo de las 9 chicas anteriores, y dada la fama que se atribuye a las trancas africanas, más me vale ir corriendo o empezar a recordar todo el Ju Jitsu del curso pasado. O, a una mala, ir relajándome para que entre más fácil…
„Alles OK?“ me dijo el pavo. Bueno, a lo mejor sólo quiere venderme droga. O es un chulo putas. De todas formas, está demasiado cerca como para huir. Sólo cabe la negociación o la violencia. „Sind Sie fertig?“ Pregunta que podría traducirse por “¿Está usted cansado?” o “¿Ya le han limpiado el sable?” („fertig“ puede traducirse como arreglado o como cansado). Le dije que sí, y que tenía que irme porque debía madrugar. Hasta luego, Lucas!
En los trescientos metros que me quedaban hasta el albergue ya no me asaltó nadie. Mira que he pasado de noche cerca del Mercado Central de Valencia, o por la Rambla de Barcelona, o por bares jevis que tenían un putiferio al lado y a veces los puteros se confundían y salían espantados al ver fiesta de pililas con música satánica, como en el PxR. Incluso estuve hace una semana en Tacheles, en Berlín. Pero esta vez era diferente. Esta vez, los alemanes me han contagiado su visión más tolerante y la lógica que hay detrás.
La prostitución es lo que es, y la gran mayoría no lo hacen por voluntad, ni pueden decidir con qué cliente sí y con cuál no. Pero por algo le llaman “el oficio más antiguo del Mundo”: siempre ha estado ahí, y ahí seguirá. Un tío va a una puta, él se vuelve a su casa con una sonrisa y ella ya tiene para comer y pagar el alquiler por unos días. Y los alemanes no le dan más vueltas. Por eso incluso la chica del albergue me dijo “Haberte ido de putas, para eso están”. No será lo mejor que pueden hacer para ganarse el dinero, pero peor sería morir de hambre.
Además, a diferencia de España, aquí suele haber respeto entre las chicas y los vecinos. Ellas procuran no molestar a nadie, sólo lo justo para captar clientes, y los vecinos las ven como alguien más del barrio, hasta las saludan y se preocupan por ellas. De hecho, los peores con diferencia son los puteros, no ellas. ¿Que cómo lo sé? Pues… digamos que el hotel en el que estuve el año pasado en Frankfurt no estaba precisamente en la zona más selecta de la ciudad. Tuve que atravesar calles chungas, y pasé miedo por los tíos que había, no por las putas.
Subí a la habitación tras fumarme el último cigarrillo. Meé, me lavé los piños y me metí en la cama.
Si algún día hubiera de seguir un libro religioso al pie de la guerra y creer todos sus preceptos sin
cuestionarlos, éste no sería la Crónica de las Guerras Clones de Star Wars, ni un libro con recetas de Pasta para glorificar a Nuestro Señor el Monstruo Espagueti Volador, sino que sería la Ley de Murphy. Pues aunque iba muy ciego, al poco de meterme en la cama me puse morcillón perdido, sin estar pensando en cochinadas ni nada. Sabía que esto iba a pasar. ¿Que no iré a buscar a la rubia políglota y la pondré mirando hacia Dortmund?
X. BACK HOME. Desayuné tranquilamente mientras leía algunas noticias. Los compañeros de juerga de anoche aún dormían. Emprendí el camino. Me habría gustado quedarme un par de días más. De hecho, si hace 11 días no hubiera recibido noticias de un posible curro, me habría quedado dos días más, hasta el miércoles. Pero debo estar en Valencia, localizable para las empresas alemanas (para las españolas ni existo) e ir preparándome para currar o, en su defecto, para más entrevistas. Ambos casos implican repasar Electrónica y alemán.
Llegando a Feldstraße caí en la cuenta de que ir en metro conllevaba 2 ó 3 trasbordos. El metro de Hamburgo pasa cada 4 minutos o así, pero el aeropuerto está a tomar por culo de aquí. En metro calculo cerca de una hora, mapa en mano, pero yo no tengo tanto tiempo. Así que pillaré un taxi…
10 minutos después no había visto ningún taxi. Por suerte conozco el teléfono de Hamburg Taxi: 666 666, como para no saberlo, con el 040 delante si llamas desde fuera de Hamburgo. Indiqué mi paradero de forma inconfundible. Cinco minutos después vi asomar el morro del taxi desde la esquina de Neupferdemarkt. (Ya me conozco St. Pauli mejor que Benicalap).
Pero el taxi no avanzó. Cogió a dos mochileros que acababan de pasar. ¿Hola? Cuando se puso a mi altura, el taxista se giró. Era turco. Me preguntó si era el que había llamado. „Ja, ich bin Alex N. und ich habe DAS Taxi bestellt.“ Creo que no hace falta traducir, si digo que mi tono denotaba cabreo. El pavo puso cara de „La he liaden parden“. Le iba a proponer como solución para no tener que ofender a su madre, que compartiésemos todos el trayecto mientras fuera posible. Pero el muy hijoputa arrancó y se piró, y ni siquiera me pidió otro taxi. En apenas 24 horas los alemanes me han contagiado su turcofobia.
Dos minutos más tarde, cuando ya iba a llamar otra vez y a reclamar por la cagada del turco, llegó otro taxi. Éste sí me recogió. Le dije lo que me había pasado, pero no me sugirió ni recomendó reclamar. Me llevó al aeropuerto sin más. „Terminal 1, eeeehm…. Abflüge!“ (“Salidas”, o más bien “despegues”). En el cartel vi luego que la palabra era correcta. Toma ya!
Otra tradición arraigada desde hace tiempo es la birra con Käsebretzel (bretzel con queso) en el aeropuerto, así como el cigarro en el zulo de fumadores, junto a la puerta de embarque. Fuera estaba nublado y hacía fresco. Dentro de pocas horas me jartaré de calor.
INCISO. Hay algo que olvidé mencionar en el Wacken: una noche, saliendo de los conciertos, oímos cantar en el karaoke de la discoteca metalera. Se trataba de “We are gonna take it”, de los Twisted Sisters. Pero los cantantes eran españoles, y estaban haciendo la famosa versión de “Huevos con aceite” XD
Huevos con Aceite [OFFICIAL EDITION]
Aterrizamos en Mallorca, todavía en territorio alemán. En el pasillo que llevaba del avión a la terminal hacía un calor horrible. Eso sí que es dar una calurosa bienvenida, sí señor.
Entré en la terminal. Esto no se parece en nada a como era el año pasado. Todas las tiendas mostraban el logotipo del Cortinglés. ¿Hola? Vale, sí, en todos los aeropuertos hay una zona comercial, pero es que aquí está TODA la zona comercial forrada con papel de regalo del cortinglés y logotipos por todas partes. Me están entrando náuseas.
Siguiendo mi deficiente sentido de la orientación, busqué la cervecería alemana que había junto al Biergarten de fumadores. No vi ni una cosa ni la otra. “Disculpe, ¿no había aquí una sala de fumadores?” “Tú lo has dicho: había”, me dijo un tipo con resignación.
Cuando volví de Freiburg el año pasado, recuerdo que apenas 24 horas después estaba hasta los cojones de este país. Esta vez sólo he tardado media hora. Están recortando derechos a los fumadores por los de los no-fumadores, como si ambos fueran incompatibles. Nuestro puto gobierno sólo sabe prohibir. Si tanto les molesta que la gente fume, que prohíban el tabaco directamente. Y si quieren acabar con la crisis, que se prohíban sus pensiones vitalicias. Ay, qué poquito voy a echar de menos este país de mierda…
Comí en un puesto de la zona, que pretendía pasar por alemán. Lo único alemán era la cerveza Warsteiner (y creo que ni eso), y que tenían Sauerkraut. Los precios eran más bien suizos o noruegos; he comido por mejor relación calidad/precio en algunos aeropuertos alemanes. Deberían prohibir, por otra parte, ampliar las fotos de los platos por encima de la escala 1:1.
Poco después embarqué en un vuelo de Air Berlin hacia Valencia, etapa final de este viaje, y mi hogar mal que me pese.
Al aterrizar, la azafata se despidió de los pasajeros por megafonía en alemán, idioma oficial de Alemania y por tanto, de Air Berlin. Una abuela pelma que había en el asiento de atrás protestó porque no habían hablado en español. Me tuve que morder la lengua. Que hubiera viajado con Iberia, pagando sus precios, si el problema era ése.
No sé cómo fue, pero estuve un rato charlando en alemán con un chaval mientras esperábamos las maletas. Salí casi corriendo a fumarme un par de cigarrillos, que mi garganta no supo agradecer, precisamente, pese el mono que tenía. Pillé el metro de vuelta a casa.
Por la tarde deshice la maleta, contesté a los cientos de felicitaciones de cumpleaños en el Feisbuc, y jugué un rato con mi sobrino.
Y por la noche… cené en la Bodega con Kike y Susana. Eso sí que es una buena bienvenida. Y algo que echaré de menos cuando viva en Alemania. Finalmente, dormí unas 10 horitas o así. Ahora ya puedo decir que el viaje ha terminado. Otro Wacken más. No vino Neo, pero igualmente lo disfruté.
WACKEEEEEEEEN!!!
ALEJANDRO IV DE BARWACKEN PEICH ’11