La última semana de Febrero transcurrió muy lentamente. No fue hasta el jueves, ya en Marzo, cuando hubo algo de acción. Primero fue una reunión para recibir información de la dirección. Por lo visto, la semana que viene volvía el sindicalista del Insofern a dar la brasa. Pero a mí me pilla en España. Total, para lo que me iba a enterar del rollo…
Después me llegaron dos encargos de golpe. Uno era bastante más importante, pero ambos iban de estudiar hojas de catálogos y comparar datos de componentes para ver cuál nos quedamos como reemplazo de otro, sin tener que rediseñar ningún circuito.
Y a eso me dediqué el viernes. Una de las expresiones que más aparecía en los catálogos era “Tensión de saturación colector-emisor”. Yo no soy ningún transistor BJT, pero mirar catálogos me satura cuando alcanzo cierta tensión (ya que necesito concentrarme mucho para comparar cientos de parámetros y decidir si los que no cuadran son críticos). Por suerte, al final llegó la hora de salir del curro… y de iniciar las vacaciones.
Llegué a casa. Para comer tenía el pimiento con arroz que me sobró de anoche. Hoy no habría tiempo de cocinar. Limpié un poco la casa, me tomé un carajillo, puse en el congelador la comida que sobraba, y partí.
Salí de casa con el tiempo justo, como de costumbre. Ello no fue impedimento para que charlara un rato con Carola -la dueña de la casa-, con unos colegas que hacían botellón en la estación -sí, a las 18 h de la tarde-, me hiciera un pitillo y pillara el tren
En el regional que cubre la ruta de Katzhütte a Rottenbach no suele haber revisores, cosa que algunos aprovechan para ir de gorra -aparte de que la máquina de billetes a menudo no funciona-. Esta vez me pidió el billete el maquinista, con escasa educación. Tal vez porque no entendí a la primera que “¿A dónde va?” implica “Enséñeme su billete inmediatamente”.
Llegué a la estación de Saalfeld, donde pille el regional que me llevaría a Nürnberg, Núremberg para los españoles. En el mp3 sonaba “Reise, reise” de Rammstein: „Reise reise / Seeman reise / jeder tut so auf seine Weise…“ (“Viaja viaja, marinero, cada uno lo hace a su manera”). Apenas hace una hora que he salido, y ya le he cogido gustillo a lo de viajar por Alemania. Tal vez porque este finde ya no sería monótono. Aunque esta vez voy a España, esto no es sino un preludio de los viajes que me voy a pegar mientras viva en Mellenbach
El tren hacía 3 paradas más, ya en territorio de Baviera. Primero en Bayreuth, ciudad famosa por su Universidad, donde el ex-ministro de defensa Carl Theodor von und zu Guttemberg se copió la tesis doctoral. Ello le costó el título de Doctor y el cargo.
La segunda fue en Bamberg, nombre que hasta hace poco confundía con “Barmbek” (se pronuncian casi igual), barrio de Hamburgo donde vivía Thom hasta hace un año o dos.
La tercera fue en Erlangen, ciudad con el tamaño de media Freiburg. También es la ciudad en la que estuvo un año de Erasmus un compañero de Alemán, José alias Pechuga. Y ciudad en la que ahora podría estar trabajando y viviendo si no hubiera sido capullo y hubiera echado el currículum a la primera oferta de curro que me llegó, aunque no cumpliera los requisitos.
Al salir de la estación de Erlangen se veían un montón de luces de neon destacando sobre las siluetas de montañas al fondo, que las viviendas de pocos pisos no alcanzaban a tapar. Había un centro comercial al lado, que cantaba más al ser de noche. Seguían viniéndome a la mente recuerdos de ciudades alemanas en las que he estado, y en las que preferiría estar viviendo. Por momentos me acordé también de las luces de los edificios financieros de Zürich, cuando fui a Freiburg, hace poco más de dos años. Joder, cómo pasa el tiempo…
Por cierto, Erlangen está en mi lista de ciudades a visitar. Hasta he localizado un garito jevi en ella, el Black Stage. No sé cuándo le tocará, pero igual para el verano
Por fin llegué a Nürnberg. Dejé la maleta en el hotel. Salí a cenar, aunque no quedara mucho para elegir. Me apetecía algo picante. Callejenado un poco encontré un vietnamita abierto. Para allá que fui.
Mientras me tomaba un té después de cenar, estuve de charreta con el dueño. Al principio me costaba pillarle el acento, pero pudimos hablar sin problemas. Por fin un tío que puede decir una frase entera sin soltar un Kä? (latiguillo epidémico en Mellenbach y alrededores) cada 3 palabras. Cuando nos despedimos, me dijo “Que pase una buena noche” de la siguiente forma: „Schönen Abend noch, kä?“. AAAAAAAGH!!!
Más tarde fui a buscar un cajero. Vi restos de la ciudad medieval por las calles que pasé. Qué rabia no poder echar fotos por la falta de luz, pero la ciudad está muy chula. Habrá que volver. Lo dicho, esto de viajar mola
Vi a unas chicas, no muy cortas de ropa, esperando junto a un semáforo. Como no crucen al tercer cambio a verde, una de dos: o sus novios llegan tarde, o son putas. Porque hace mucha humedad, y no hay ganas de estar de plantón en la calle porque sí.
Después… tenía localizado un garito jevi, el Wilderer (“más salvaje”). Estaba a escasos cien metros del hotel. Necesito caña. Escuchar Metal mientras me tomo unas birras y conozco gente nueva. Es uno de los alicientes de viajar, en vez de quedarse en el (demasiado) tranquilo pueblecito de Mellenbach.
En la puerta había peña fumando. Parece ser que en (casi) todos los bares de Nürnberg está prohibido. Había un chico muy moreno, con pelo rizado y acento de hablar español en casa. Se llama Gatril, es paraguayo pero lleva un tiempo en Nürnberg. Me dijo de sentarme en su mesa, con más gente que hablaba algo de español.
Yo a todo esto llevaba el colgante del St. Pauli bajo la camiseta, del rollo de “primero mira lo que hay, y si procede, lo muestras”. Cuando conté el 5º emblema del St. Pauli tras la barra, lo saqué. El camarero, encantado
Además, el bar tiene merchandising con cuya recaudación se financian asociaciones dedicadas a salvar a los chavales del lavado de cerebro neonazi. [Nota a posteriori: cuando vuelva voy a dejarme una pasta en bufandas y camisetas... ya os contaré...]
En la mesa estuve hablando de todo un poco con los colegas de Gatril; no me llegaron a presentar a todos, pero recuerdo los nombres de Philip -de Nürnberg-, un tal Jens que iba hasta las trancas, Ricardo -creo; es rumano y estudia traducción de español e inglés en alemán-; también había un chico brasileño y una alemana que como no hablaba casi nada de español, Gatril aprovechaba para hacer comentarios soeces sobre ella (la moza estaba muy buena, las cosas como son).
Philip fue con el que más rato conversé. Pese a su acento bávaro (esto es, todas las vocales son breves o muy breves) y a lo rápido que hablaba (en consecuencia), lo pillé casi todo. Total, si ya entiendo el acento de la gente del pueblo, que es como si sueltas a un guiri que sabe español en el centro de Cádiz, esto no es ná. Me enseñó a decir „eine Marmelade hab’ ich daheim auch“ (“Yo también tengo una mermelada en casa”) en fränkisch, el dialecto local: “aane ma’malaade hab a dahaam aj”. Por un instante pensé que me hablaba en árabe XD
Antes de pirarse, me pidió que le consiguiera camisetas de Angelus Apatrida, grupo que a él y a sus colegas les encanta. Casualmente conocí al cantante en el Alkatraz poco antes de emigrar a Alemania. Y a su novia en mi primer Wacken, ella y su amiga habían acampado casualmente junto a los de Ciudad Real. Hala, otra sagrada misión que añadir a la agenda…
Luego seguí de charreta con los demás. Mi intención era volver al hotel pronto, ya que había dormido poco y mañana tenía un largo viaje ante mí, y un montón de garitos que cerrar en Valencia. Pero la compañía era grata, y me quedé hasta casi las 3:30. Durante ese tiempo intenté que Ricardo -creo- comprendiera que no hay una regla para distinguir entre “ser” y “estar”, además de intentar consolarle por nuestro “caótico” sistema verbal con 17 tiempos, de los que al menos 5 hacen referencia al pasado. Es el precio que hay que pagar por un idioma que no se declina, ni manda el verbo o cosas peores al final de la frase, a la que te descuidas XD
Llegué a mi habiación casi a rastras. Para ser una noche de “dos birras y a dormir”, la he liado, han sido al menos 4. En 4 horas tenía que levantarme. Hala, Barbas, que en estas lides ya tienes experiencia…
BARVADER ’12
PD. En Nürnberg también es costumbre saludar cuando se llega a un sitio dando unos golpecitos en la mesa, como llamando a la puerta. Y yo que quería estar unos días fuera de Mellenbach porque me parecen muy de pueblo…