IIF 55 — Fiestas veraniegas

27/09/2016

(COLECCIÓN DE NARRATIVA VIL)

Un par de semanas después de regresar de mis vacaciones tuvimos una ola de calor sofocante (unos 37ºC, sin humedad, sin ventiladores, sin viento, sin piedad, y con las heladerías cerradas por agotamiento de existencias).

En mitad de ese calor me acerqué un día a Erfurt a comprarme un par de cosillas, entre las que podemos destacar un cable para unir la guitarra con el pedal de efectos (el cual mola mucho), y un disco duro de 2 TB.

Esto último porque un colega me pasó un disco de esa misma capacidad lleno de pelis y música; apenas le quedaban un par de gigas libres. Esto me recordó la frase de un amigo informático hace unos 15 años, antes de que se inventara el Emule: “Para llenar un disco de 60 GB hay que ser un héroe”. Aunque no me lo iba a copiar todo, con mi disco externo de 1 TB no tenía ni para empezar.

El caso es que cuando subí al coche, el volante (negro y bajo el sol) ardía. Se me ha queadao la marca grabada a fuego. Y el caso es que el resto del verano fue bastante fresco.

Poco después fue el Stadtfest. Me acerqué a ver varios conciertos que prometían mucho… si bien una vez jodido, se jodió lo prometido. Al final me pasé más rato en casa o paseando, que en los conciertos. En el último de ellos, “Die toten Ärzte” (“Los médicos muertos”, grupo bastante conocido que hace versiones de Die toten Hosen y Die Ärzte), me encontré con varios colegas. Uwe y Kathleen me presentaron a una amiga suya, Pohli, anterior propietaria del bar Piano. “Cuando aún molaba”, según la opinión de casi toda la gente que conozco.

Pohli había pasado unas semanas en Guatemala, así que tenía un nivel de español comparable a mi alemán de Freiburg… si bien en mi caso fueron cuatro meses. Pese a ser mayorcita, ya les ha pegado varias palizas a Uwe y Kathleen con la bicicleta por cuestas de gran pendiente.

Un fin de semana hacia finales de junio hubo en la Baracke 5 una fiestecilla llamada Sommerfest o Fête d’Eté, que significan “Fiesta de verano” en alemán y francés, respectivamente. No se trataba de un “conciertillo para 20 amigos” en la sala: había un escenario bastante grande al aire libre, y actividades para niños y mayores durante todo el día. Por la noche hubo un concierto de dos grupos de funky: uno de Leipzig, bastante patatero, y el segundo (Dämse) ya fue más cañero.

Los Dämse animaban mucho, interactuaban con el público, y estaban como una cabra. A Gabi le dedicaron una canción llamada “Me la pones de hormigón armado”, o algo parecido. Los tres músicos iban con trajes de lycra, llevaban unas pelotas enormes de corcho a modo de cascos, y dibujos de pollas adornando el esenario.

Dos semanas después del Sommerfest se celebró, también en la Baracke, el cumple de Lisa, la novia de Hannes. Hubo una gran cena al aire libre, y luego un “concierto privado” de Answer Machine, grupo del que Hannes es cantante y guitarrista.

Aquella noche ocurrió algo bastante curioso. Una amiga/hermana de Lisa (ni lo sabía, ni lo sé, ni lo sabré), bastante jovencita, que estuvo casi toda la noche sentada frente a mí, hizo todas las posturas posibles para la imaginación humana, y algunas más, para no separar las rodillas ni una micra. No sólo estaba sentada de forma bastante incómoda: también hacía acrobacias para levantarse o sentarse.

Lo único que consiguió con ello fue llamar mi atención toda la noche, hasta el punto de que me pasé más tiempo pendiente de si separaba las piernas, que de la fiesta en sí. Ya no por saber si llevaba bragas o no, sólo por el mero hecho de ver si era capaz de separar un centímetro, al menos, las rodillas😄

Chiquilla, para la próxima ya lo sabes: o te pones bragas, o una falda más larga, o asumes que igual se te ve el parrús. En cualquiera de los tres casos, pasará mejor la noche, ya que se quitará una preocupación de encima; otra cosa es que luego aparte pille cacho, y su indumentaria facilite la diversión inherente.

Al día siguiente, todavía sin saber si la chica aquella tenía una enfermedad genética por la que sus piernas empezaban en las rodillas, comencé la publicación de las Memorias de Memoria.

Unos días después, fui con unos colegas de la Baracke a un torneo de fútbol cerca de Arnstadt, en un pueblo llamado Osthausen. La gracia está en que los demás equipos eran “de verdad”, con equipación completa, entrenador, patrocinadores, entrenamiento regular y vida sana.

Nosotros éramos un grupo de colegas que juegan de pachanga; quedamos en llevar todos una camiseta de color rojo, y entre partido y partido echábamos un cigarrito.

Primero jugamos una liguilla entre 4 equipos. En el tercer partido, intentando perseguir a uno que se iba solo hacia nuestra portería con el balón, me lesioné. Se nota que los jugadores de los demás equipos están en mejor forma que nosotros. Y eso que yo soy de los que más a menudo practican deporte, en comparación con mis colegas.

Cuando íbamos a jugar la final por el 7º puesto, nos hicieron salir del campo a todos: habían venido dos reporteros de una televisión local a filmar, y querían grabar equipos “de verdad”, aunque fuera por hacer el paripé😄

Al final quedamos octavos. No está mal: pese a ser ocho equipos, aún podíamos haber quedado novenos, o nos podían haber descalificado. Para más guasa, el equipo que jugó contra nosotros no se había enterado de que les quedaba aún un partido, y saltaron al terreno de juego medio borrachos😄

Y aun así ganaron.

Nos quedamos a pasar el día en Osthausen. Había una barra con cerveza para un ejército, salchichas turingias asadas (no podían faltar), y un cochinillo asado que estaba de muerte. Aparte, Gabi y Anne habían venido a animar, y traían una bolsa de panecillos recién horneados🙂

Aparte del campeonato de fútbol, había dos torneos más para los voluntarios: uno de acertar chutando contra una pared en unos agujeros situados en lugares complicados, y otro de tiro con arco. Los ganadores se llevarían un cochinillo asado entero. Estuvimos debatiendo sobre si presentarnos todos y, en caso de ganar alguno, compartir el premio. Pero ya habíamos hecho bastante el ridículo por hoy😄

Aunque estábamos todos reventadísimos, Daniel propuso seguir la fiesta por la noche en la caseta del jardín, con su familia. Así que me apunté. No fue nada fuera de lo habitual, pero nos lo pasamos bastante bien. Al menos, los que aún recordamos algo de aquella noche.

Y esto es lo que dieron de sí las fiestas veraniegas de 2015.

BARVADER ’15