IIF 51 — Ladrón de Cobre (II)

24/08/2016

En el capítulo anterior… había llegado un bus de unas 60 plazas para recoger a cientos de viajeros despesperados, y yo probablemente el que más, pues tenía que llegar a Munich al precio que fuera. Comenzó una sangrienta carrera para conseguir colarse en aquel bus…

Pero el tipo del bus hizo bajar a la peña, aparcó y se encerró. Creo que nadie se enteró de por qué. A mi lado, un tipo pataleaba en el suelo con la pierna izquierda. “¿Se encuentra usted bien?”, le pregunté, mientras buscaba la derecha, y se la ponía al lado. “Hay que ver, lo que llega a hacer la gente por subir a un autobús, eh?” Luego me alejé disimuladamente, silbando una canción.

Con un poco de suerte, nadie me habrá visto sacar el sable de luz.

Al menos, ninguno de los supervivientes.

Y entonces me puse serio. Había que tomar decisiones ya, no podía quedarme allí quieto mientras pasaban las horas. Les propuse a los chavales que acababa de conocer pillar un taxi a Arnstadt entre los 4. Dicen que el tiempo y el dinero no suelen venir juntos. Yo no es que sea rico, pero ahora mismo lo que menos tengo es tiempo. Ellos son estudiantes, y no ven claro lo del taxi. A diferencia de mí, no tienen trabajo, y no necesitan llevar tanto dinero encima como si se fueran de vacaciones.

Pero si hace falta, el taxi lo costeo yo. Primero, porque me sale más barato que alquilar un coche o reservar otro vuelo. Segundo, porque ahora mismo no veo otra opción para salir de aquí, y en breve llegará otro tren cargado de gente que querrá subirse a ese microbús. Tercero, porque para estos imprevistos procuro que me sobre dinero a final de mes, gane mucho o poco: si la solución a un gran problema pasa por pagar una cantidad razonable, prefiero poder quitármelo de encima rápidamente.

Y cuarto… porque les voy a meter una reclamación a la Deutsche Bahn, y me tendrán que pagar ellos el taxi. Al comprar un billete de tren, ellos adquieren el compromiso de que llegues a la estación de destino. Lo que no te garantizan es cuándo. Si perdiera el avión, probablemente tendría derecho a una indemnización. Pero preferiría no pasarme un día de mis vacaciones haciendo papeleos en alemán, y buscando otro vuelo a última hora.

El taxi llegó al mismo tiempo que el bus “de verdad”, si bien tenía serias dudas de que en ése cupiéramos todos. Los colegas se lo pensaron de nuevo, tras haber accedido inicialmente. Pero ya que el hombre había venido, habría que pagarle el viaje. Por el mismo precio, fuimos haciendo camino.

Al final le sacamos 10 minutos al bus. Eso me suponía a mí un mayor margen de maniobra para la siguiente jugada. Volví a mirar los horarios de los trenes en la web; tal vez la información no fuera fiable, pero al menos había salido de la zona en la que no circulaban trenes. Y además estaba justo en el punto en que debía seguir hacia Erfurt, o virar ya hacia el sur. Vi que cualquier combinación de trenes que me llevara a München hoy, pasaba por Saalfeld. Así que fui para allá.

En la estación había un par de borrachuzos gritando a lo hooligan. Por suerte se tranquilizaron al subir al tren, sobre todo por el puro que les echó la revisora. Los chavales de antes, por su parte, ya estaban camino de Erfurt en el otro tren. El tren en el que estaba yo, por cierto, no lo he pillado desde que vivo en Ilmenau, ya que de allí hay otro tren directo a Erfurt. Excepto hoy😛

En la estación de Saalfeld tuve el tiempo justo de fumarme un cigarrillo. Estuve un rato hablando con un tipo que se parecía mucho al cantante de Haggard. Pero al final no le pregunté si era él. Debería haberlo hecho, aunque fuera sólo por ver si le doy la vuelta a este día de mierda (en 4 horas apenas me había alejado 40 km de Ilmenau). Pero mira… en esta vida hay que ser más osado. Así me iría mejor, habría tenido un curro mejor, un sueldo mejor, y hasta un harén o dos.

Luego vi la web de Haggard: en dos días tenían un concierto en Eslovenia. El tipo se apeó en Probstzella, un pueblo perdido en Turingia, de nombre impronunciable. Vamos, que si era él, tiene que estar en dos días en otro país, el tío se lo monta peor que yo para ir a los sitios😄

El tren de Saalfeld a Nürnberg iba acumulando retraso por el camino. Por momentos, me temí lo peor. De hecho, el tren que me llevó a Saalfeld ya iba con retraso, y he pillado éste por pocos minutos. Lo dicho, si no fuera porque tengo el viaje de vuelta a cientos de km de Munich… Creo que debería echarme otra novia como la que tuve hace un año, que te lleva a München en coche a cambio de dos polvos bien echados😄

De camino a Nürnberg decidí que no podía esperar más: a falta de vagón-restaurante para inflarme a birras, estrené el nuevo diario. Pero no para escribir lo que iba a continuación del que me mangaron (las Memorias de Memoria), sino para relatar este viaje… que si tengo que hacerme anotaciones y luego pasarlas a limpio, lo llevo claro.

Aunque llegamos a Nürnberg con retraso, el siguiente tren que iba para München también llevaba retraso. Así que me dio tiempo a cambiar de andén. Casi lloré cuando el maquinista anunció por el altavoz: “Damos la bienvenida a los viajeros que acaban de subir a este tren con destino a MUNICH, y les deseamos que tengan un buen viaje a bordo”.

Bueno, en realidad dijeron „Herzlich willkommen an alle zugestiegenen Fahrgäste in diesen Zug nach München, wir wünschen Ihnen eine angenehme Reise an Bord“. Que en aquel momento me sonó de puta madre😄

El tren llegó a München en torno a la 1:15. Creo que era el último tren del día. Uf!

Desde la cena hasta ahora habían pasado las 3-4 horas de rigor, las justas para que vuelva a atacarme el hambre. La pizzería Ca d’Oro, frente a la estación, seguía abierta. Como es costumbre cada vez que paso por aquí, o casi, me hice una ración de pizza.

Mientras me la comía tranquilamente (la pizza) bajo un porche (un cobertizo, no un automóvil deportivo), cayó una granizada breve pero de intensidad apocalíptica. Menos mal que estoy a cubierto, y a pocos metros del albergue. Si no, lo que me faltaba hoy!!!

Me registré en el albergue, donde ya creían que no me iba a presentar, dejé las cosas en la habitación, me duché… y me tomé las dos cervezas de cortesía. Y digo “de cortesía”, porque merecidas eran bastantes más. Pero mi cansancio, mi estómago, y mis planes para mañana no permitían más.

Y de hecho debería haber sido “la” cerveza de cortesía, o “del honor”, por los motivos mencionados. Pero había dos razones de peso para la segunda birra: (1) Una israelí bastante curiosa, que chapurreaba alemán y catalán. Parece mentira las capacidades que adquiere la gente cuando bebe zumo de cebada. Y (2) porque tenía motivos para darle al coco en sentido positivo.

Mientras me fumaba un cigarro en la puerta y charlaba con otros dos españoles exiliados (que me animaron a trasladarme a Munich), pasaron dos nigerianos. Se pararon en seco, y uno preguntó, con un fuerte acento que hacía difícil seguir su inglés: “Hey guys, right now: what does it mean to be lucky?”

Y la verdad es que era una muy buena pregunta: si no te dan tiempo a pensar, ¿qué dirías que significa ser afortunado?

La respuesta me vino inmediatamente, sin buscarla yo, tal y como se requería. “Todos tenemos nuestros problemas. Pero eres afortunado en el momento en que los olvidas todos por unos segundos, y te dedicas a vivir al 100% el momento y el lugar en el que estás: contemplar un paisaje en soledad, una fiesta divertida con amigos, tocar o escuchar música, una buena comida, un guisado delicioso…”

Ahora, escribiendo estas líneas, me siento feliz y afortunado. Por el rato que dure🙂

Hala, gute Nacht.

BARVADER ’15

PD. Por fin conseguí una camiseta del albergue para Susana. Sólo había una talla, y para chicas, así que Kike y yo nos quedamos sin… Ya habrá otra ocasión. Y si no, pues habrá que hacer dieta y cambiarse de sexo😄


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